Tarjetas de Crédito

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Tarjetas de Crédito



Las tarjetas de crédito se han convertido en una parte esencial de la vida cotidiana de la mayoría de personas y ha cambiado por completo la gestión de las finanzas personales. Casi sin darse cuenta, cada español acumula una media de cuatro tarjetas diferentes en su cartera.

Ante estas cifras, no hay que extrañarse de que en 2007 se contabilizasen un total de 940 millones de operaciones con esta herramienta de pago con un importe medio de 66,37 euros, según datos del Observatorio de Medios de Pago. Los datos del Banco de España hablan de un aumento del 10,43% en el número de ‘plásticos’ en circulación en el país hasta las 43,78 millones de unidades, tres veces más que en 2000.(A esos datos hay que restarles 66 tarjetas que afortunadamente ya no están circulando que son las Tarjetas Black de Caja Madrid/Banquia, dado que a los 66 procesados por el escandalo de bankia se las quitaron).

Estas cifras sirven por sí mismas para darse cuenta de hasta qué punto las tarjetas de crédito se han convertido en una herramienta de pago habitual para los españoles. Sin embargo, el aumento de casos de deudas acumuladas por un mal uso de este producto, también nos lleva a cuestionarnos el verdadero grado del conocimiento del ciudadano medio sobre el funcionamiento del dinero de plástico.

Crédito vs débito (crédito contra débito)

El primer paso para entender cómo funciona una tarjeta de crédito es saber en qué consiste exactamente. Y es que hay diferentes tipos de ‘plásticos’ en circulación. Los más comunes son las tarjetas de débito y crédito. La diferencia principal es que en la primera, los pagos se cargan directamente y sobre todo de forma más o menos inmediata a la cuenta bancaria del titular, mientras que en la segunda el pago suele aplazarse en el tiempo (un mes en la mayoría de los casos). De esta forma, las tarjetas de crédito, como su propio nombre indica, son una fórmula de obtener un dinero que todavía no está en la cuenta corriente del usuario pero que se supone que estará en el momento del cobro. Es como si el banco o la entidad emisora adelantasen al titular un dinero que se supone que obtendrá en el corto plazo.

En resumen: mientras que con las tarjetas de débito sólo se puede disponer del dinero que hay en la cuenta (a veces permiten un pequeño descubierto), con las tarjetas de crédito se puede conseguir más capital del que realmente se dispone. De ahí el componente de crédito. La cantidad dependerá de la situación financiera de cada persona y sobre todo de su solvencia.

El funcionamiento general de las tarjetas es relativamente sencillo desde un punto de vista teórico. La entidad bancaria o emisora de la tarjeta pone a disposición del titular del "plástico" un dinero al que éste puede acceder libremente. Se trata de una especie de "préstamo" por un periodo determinado hasta el periodo de liquidación, generalmente a un mes vista. Es decir, el usuario puede hacer sus compras y al final de mes la entidad le cargará todos los gastos que haya realizado. Si la cuenta corriente dispone de fondos se mantendrá el crédito y no habrá que pagar ningún tipo de comisiones ni intereses, pero en caso contrario es cuando entra en funcionamiento el mecanismo de préstamo de la tarjeta con sus intereses y comisiones(ahora normalmente las entidades bancarias, pasan al cobro los recibios de las tajetas de crédito entre el día 3 y 5 del mes siguiente).

Tipos de tarjetas y formas de pago:

Aunque la mayoría de tarjetas de crédito operan de la forma anteriormente descrita, existen diferentes fórmulas de pago y de acceder a ese "crédito", lo que hace que también haya distintos tipos de tarjetas de crédito:

Tarjeta de crédito clásica: son las más habituales, las Visa, Mastercard o American Express que cualquier persona tiene en su cartera. El 100% del crédito se cobra a mes vencido, es decir, todo el dinero prestado se devuelve pasado un mes (a veces dos) desde el momento de la compra. El capital ‘prestado’ durante ese periodo no se ofrece sin intereses siempre que sea capaz de pagar una vez termina ese periodo de gracia. En caso de que no disponga de saldo se comenzarán a cobrar intereses como parte del préstamo. Su crédito oscila normalmente entre los 600 y los 1.200 euros al mes.

Tarjetas oro y platino: funcionan exactamente igual que las tarjetas de crédito convencionales, sólo que en este caso la línea de crédito es mucho mayor y suelen tener aparejados una serie de servicios adicionales. En teoría están destinadas a los llamados clientes VIP o que hagan un uso muy frecuente de su tarjeta.

Tarjetas revolviese: todas las tarjetas de crédito funcionan aplazando el pago, pero las llamadas de revolving tienen una operativa especial. Su uso está muy extendido en Estados Unidos aunque no tanto en España y básicamente permite el pago aplazado mediante una cuota fija. Es decir, parte de la base de un préstamo por el que el titular pagará una cantidad fija al mes en lugar de tener que abonar todo de golpe una vez llegado el momento de liquidación. Así, el titular puede gastar independientemente del capital que tenga en su cuenta y después elegir la cuota que devolverá cada mes de ese dinero que ha tomado prestado. Su mayor inconveniente radica en los altos intereses que cobran por estos préstamos, aunque a cambio los pagos mínimos son de lo más flexible y generalmente no exceden el 5% del crédito convenido.

Tarjetas de puntos: se trata de tarjetas de crédito que ofrecen ventajas adicionales como programas de puntos para obtener viajes gratis, ahorrar en gasolina, descuentos en tiendas…

Tarjetas de crédito virtuales: su funcionamiento es similar al de las tarjetas tradicionales de prepago (hay que cargarlas con el dinero del que se quiere disponer) y la principal diferencia es que en este caso no existe un soporte físico (plástico) para la tarjeta. Se utilizan principalmente para el comercio en Internet a través de compañías como PayPal y otros medios de pago virtuales. Además, generalmente pertenecen a los emisores y no a las entidades bancarias.

Ventajas y peligros de las tarjetas

El beneficio más evidente de las tarjetas de crédito es precisamente la posibilidad de acceder a un dinero del que realmente no se dispone sin tener que solicitar un préstamo y en tiempo real: al momento. Así, por ejemplo, si surge un gasto imprevisto a mediados de mes y no se dispone de liquidez para afrontarlo, se puede recurrir a la tarjeta de crédito, siendo conscientes de que habrá que pagar a principios del mes que viene o cuando se haya establecido la fecha de liquidación, momento en el que previsiblemente sí se contará con ese dinero. Además, se trata de una línea de crédito que se "repone" constantemente según se va reduciendo la deuda.

El crédito que ofrece el dinero de plástico puede ser muy útil tanto para empresas como particulares en la llamada gestión de flujos de caja (dinero que se ingresa y se paga). Se puede sacar rendimiento del dinero en la cuenta mientras se utiliza un "préstamo" a un mes sin intereses, una operativa que también supone una serie de riesgos también evidentes. El más claro de todos es la posibilidad de terminar endeudado sin apenas darse cuenta. La "invitación" al descontrol financiero (gastar más de lo que se tiene) es precisamente la mayor crítica que se hace a las tarjetas de crédito. Y es que una vez se supera el dinero disponible en la cuenta o que se incurre en el impago de una de las cuotas es cuando empiezan a correr los intereses de estos créditos, que además generalmente son mayores que los de los préstamos personales. A estos habrá que añadir gastos fijos y comisiones por determinadas operaciones, como con cualquier otro producto financiero.

Las tarjetas de crédito son uno de los productos financieros más controvertidos y sobre los que más críticas vierten los defensores del control financiero. El motivo, tal y como se indicó en la primera parte de esta guía, es que son un instrumento diseñado para otorgar crédito y por lo tanto generar deuda.

Sin embargo, esto no tiene por qué ser así. Todo depende del uso que se haga de las mismas y en cualquier caso siempre es recomendable contar por lo menos con una, para obtener dinero ante un imprevisto.

En cualquier caso, la mejor forma para determinar realmente la validez de las tarjetas de crédito es conocer su operativa, así como sus costes y los servicios que ofrece a cambio. Además, estas serán las variables que después utilizaremos para valorar cada tarjeta en concreto.

El coste de las tarjetas de crédito

Como cualquier producto financiero las tarjetas de crédito llevan aparejados una serie de costes fijos para sus titulares, así como una serie de comisiones en función de las operaciones que se realicen con ellas. Aunque estas varían de una a otra tarjeta, existen algunas que se repiten en todos los casos. Los costes fijos y las comisiones más comunes en las tarjetas de crédito son los siguientes:

Comisión por emisión y renovación: es una cantidad fija anual que se paga en el momento de la emisión y renovación de la tarjeta. Se puede considerar que es el coste que el cliente abona por poder contar con una tarjeta de crédito y disfrutar de los servicios que ésta le otorga. Existen grandes diferencias respecto a esta comisión, que varía desde los cero euros hasta los 200 euros dependiendo del tipo de plástico y sus prestaciones. En cualquier caso, las tarjetas de crédito más habituales suelen cobrar entre 40 y 60 euros anuales en concepto de emisión y renovación.

Comisión por descubierto o excedido: esta es la comisión que se cobra cuando se excede el límite de la tarjeta, es decir, cuando se hace uso del crédito sin contar con dinero en la cuenta. Como vimos en el anterior capítulo, el pago se puede efectuar de forma variable cada vez que se supere el límite o cantidad fija, suponiendo que siempre se va a superar el mismo.

Comisión por retirada de efectivo en cajeros automáticos: habitualmente la retirada de efectivo en un cajero automático sólo es gratuita si este pertenece al banco o caja de ahorros de la tarjeta, aunque en algunos puede incluso accederse sin personalización a los cajeros de la red a la que pertenece el banco. En el resto de casos habrá que pagar una comisión por disponer de dinero o realizar otras operaciones.

Comisión por transferencia de fondos: es otro de los fijos y no es más que el porcentaje que cobra el banco o caja de ahorros por los traspasos de fondos de una tarjeta a otra.

Comisión por reclamación de impago: como en la mayoría de préstamos, cada vez que se produce una reclamación por un saldo impagado la entidad financiera cobra un importe fijo en concepto de comisión.

– Intereses: el mayor problema de las tarjetas de crédito es que una vez se accede al crédito de la tarjeta y no se paga en el plazo estipulado, comienza a correr un préstamo a unos tipos de interés que varían en función de la tarjeta pero que puede llegar a ser realmente elevados y muy por encima de los de un préstamo personal medio.

Servicios asociados a las tarjetas de crédito

Está claro que si un instrumento está tan extendido, es porque no todo son pegas. El fuerte aumento de la oferta en el sector ha hecho que cada vez haya una mayor diversidad de tarjetas con todo tipo de servicios añadidos desde los más comunes a algunos tan peregrinos como el de buscar y contratar los servicios de un elefante para una fiesta de cumpleaños. Sin embargo, aquí nos centraremos principalmente en los beneficios de los que pueden disfrutar la mayoría de inversores por un plástico "al uso":

Seguro de equipaje: es uno de los más útiles para el ciudadano medio y por eso también uno de los más reclamados. Se trata de un seguro gratuito por la compra del billete de avión u otro medio de transporte con la tarjeta y que asegura el equipaje por un importe que suele alcanzar un máximo de 600 euros.

Seguro de accidentes en medio de transporte: cada vez está más extendido como un servicio adicional de las tarjetas de crédito. Es un seguro que cubre el accidente en medio de transporte en caso de que el titular de la tarjeta fallezca o sufra lesiones que le dejen en estado de invalidez. La cuantía máxima es de 120.000 euros a excepción de las tarjetas oro y platino, donde la cifra se eleva hasta los 450.000 euros. Además, el seguro también suele contemplar el pago de las compras realizadas con la tarjeta en el último mes hasta una cantidad máxima.

Asistencia por retraso en medios de transporte: esta es otra de las más utilizadas y prevé indemnizaciones de hasta 200 euros en el caso de sufrir retrasos de por ejemplo dos horas en el caso de los viajes en avión. En realidad las condiciones concretas dependerán de cada tarjeta, pero se trata de uno de los servicios de los que más pueden beneficiarse el común de los usuarios. Este seguro también da cobertura en caso de overbooking.

Seguro de asistencia por accidente: este seguro cubre los gastos médicos, quirúrgicos, farmacéuticos y de hospitalizan en países extranjeros como consecuencia de un accidente o enfermedad hasta una cuantía máxima que depende de la tarjeta. Además, si tuviese que prolongar su estancia en el país extranjero por esa causa también percibiría una indemnización diaria para hacer frente a estos gastos.

Seguro antirrobo o pérdida: se trata de los gastos ocasionados en la tarjeta por su pérdida o robo de la tarjeta a partir de una determinada cantidad, generalmente 150 euros.

Seguro de protección de compras: este seguro se activa para compras que superen un importe determinado, generalmente 50 euros y básicamente cubren el robo o daño del artículo durante 100 días.

Seguro de vida: en caso de fallecimiento del titular este seguro cubre las compras realizadas por la tarjeta de crédito hasta un máximo de 3.000 euros generalmente. Evidentemente esta cuantía puede variar en función del tipo de tarjeta.

Descuentos y devoluciones: en los últimos años se han puesto de moda este tipo de tarjetas que ofrecen descuentos en determinados establecimientos por las compras que se abonen con las mismas. Así, por ejemplo puede devolver el 5% del dinero destinado a compras hasta un importe máximo para las adquisiciones que se paguen con la tarjeta y superen un mínimo. En otros casos se trata de descuentos en la compra de carburante o en el alquiler de vehículos. En realidad, la oferta es casi infinita, ya que cada vez más centros se asocian con entidades bancarias para fomentar el consumo a través de las tarjetas de crédito.

Programas de puntos: una de las últimas en llegar y que actúa de forma similar a los descuentos y devoluciones. En realidad consiste en acumular puntos por el uso de la tarjeta en determinados establecimientos (muy habitual en gasolineras y aerolíneas). Estos puntos ofrecen después la posibilidad de recibir regalos, acceso a promociones especiales e incluso a descuentos.

Los servicios asociados a la tarjeta de crédito suelen estar directamente relacionados con la cuota de emisión y renovación. Es decir, que cuanto más se paga por tener la tarjeta mayores son las ventajas que ésta ofrece al usuario y generalmente una mayor línea de crédito.

Al final, las tarjetas de crédito son un instrumento muy útil no sólo para acceder a un dinero de forma rápida o para poder aplazar las compras, sino también para realizar determinado tipo de compras, empezando por los viajes.

Bien, todo lo anterior expuesto, es fruto de la enseñanza que un determinado banco da por internet en cuanto a la definición y uso de las tarjetas de crédito en su página web, en este caso es el BBVA y los vínculos de las páginas son los siguientes:

https://info.bbva.com/es/noticias/estilo-vida/tarjetas-de-credito-funcionamiento-y-definicion/

https://info.bbva.com/es/noticias/economia/bancos/servicios-bancarios/tarjetas-credito-coste-servicios-asociados/

Es cierto que están bien explicados; tanto la definición de una tarjeta de crédito como su funcionamiento y el tipo de comisiones, intereses y gastos que pueden producir en nuestro bolsillo el uso de una de estas tarjetas, así como todas las ventajas (que son muchas) por el hecho de poseer una y hacer pagos con ella, pero también es cierto que nadie lee esta información ni se dan instrucciones de cómo utilizarla, indicando en qué modo te puede perjudicar por un mal uso.

Mi opinión es que este tipo de tarjetas son muy peligrosas para aquellas economías familiares frágiles y que tienen apuros para llegar a fin de mes. Para este tipo de economías, mi mejor consejo si quieren usar tarjetas, es usar las de débito y aun así con prudencia.

¿Por qué gastamos más cuando pagamos con tarjetas de crédito?

Gastamos más porque no tenemos la misma sensación al pagar.

El simple acto de entregar dinero en efectivo –tomarlo de nuestro bolsillo para dárselo a otra persona– es una sensación de desprendimiento y de que ese dinero se nos va de las manos. Es decir, sentimos ese gasto de una manera muy vívida.

En cambio cuando pagamos con tarjeta de crédito, estamos simplemente firmando un pagaré. El dinero en ese caso es abstracto: lo pagaremos algún tiempo después.

Emocionalmente es una gran diferencia: no estamos sintiendo que ese dinero se nos va de las manos. Por eso gastamos más.

Los psicólogos llaman a este sentimiento una “vinculación” – o coupling en inglés. En este caso, describe cómo la experiencia de consumir algo está vinculada a la experiencia de pagar por ello.

Es decir, cuando compramos algún artículo en efectivo, nuestra experiencia de compra está íntimamente ligada a la sensación de pagar (gastar ese dinero). Por ejemplo, cuando invitamos a la familia a comer a un restaurante y la cuenta es de varias decenas de euros, al pagar en efectivo sentimos una sensación de dolor por la cantidad que tenemos que desembolsar el cual es intenso e inmediato. Además, ese dolor está muy ligado al placer de comer con la familia, es decir está muy vinculado con ese consumo en particular porque se experimenta de manera casi simultánea.

En cambio si sacamos la tarjeta de crédito, aunque podamos sentir un cierto “dolor” al ver la cantidad en ese momento, es mucho menos intenso. La sensación de pagar la estamos en realidad “traspasando” hacia el futuro. Y cuando finalmente lo paguemos, esa experiencia no estará ligada al consumo que hicimos – es decir – estamos desvinculando el dolor de pagar, con el placer de consumir. Por eso gastamos más: la experiencia de consumir y el dolor de gastar no están vinculados como sí lo están al pagar en efectivo.

Un uso incorrecto de las tarjetas puede acarrear en el consumidor desagradables consecuencias. Si se emplea la tarjeta de débito de forma irresponsable, el usuario puede quedarse sin dinero en su cuenta, pero no va poder gastar más de lo que tiene. Sin embargo, una mala utilización de las tarjetas de crédito puede desembocar en grandes deudas.

Tres tipos de adicción

Alejandro Salcedo, jefe del Servicio de Promoción y Protección de Consumidores de la Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha distingue tres tipos de consumo compulsivo: adicción a la compra, que consiste en el consumo como pilar sobre el que se sustenta la vida diaria y como actividad que ocupa todo el tiempo disponible; adicción al consumo o afán continuo por efectuar nuevas compras, la mayoría innecesarias y superfluas, que pierden interés inmediatamente después de haberlas realizado, y adicción al crédito, derivado del uso incontrolado de las tarjetas de crédito y la incapacidad de vivir con el propio presupuesto. Precisamente es el aumento de la capacidad de endeudamiento a través de los métodos de crédito lo que más favorece el consumo compulsivo.

Este trastorno afecta al tres por ciento de la población europea. Las conclusiones del trabajo señalan que al menos una tercera parte de los europeos tiene problemas ocasionales de descontrol en la compra o el gasto.

“El perfil del consumidor compulsivo es el de un hombre o mujer de entre 20 y 55 años de edad, de clase media y medio urbano. No obstante, las mujeres han mostrado ser mucho más adictas a los estímulos de consumo”

Otras medidas preventivas muy útiles cuando se detecta el problema en sus primeros estadios son “el autorregistro, que consiste en llevar una contabilidad racional apuntando los gastos y las compras que se realizan, y el aplazamiento de las decisiones de compra. En este caso, cuando se siente la necesidad de comprar algo nunca se debe tomar la decisión de compra en el establecimiento, hay que dejar pasar el tiempo y pensárselo fuera del negocio.Cuando se abandona la tienda y no se tiene el objeto a la vista, el deseo de compra suele desaparecer casi de inmediato.



La suma de la adicción al consumo, las tarjetas de crédito y las rebajas dan origen a un cóctel explosivo, ya que las rebajas están basadas en la impulsividad y en la idea de que hay que aprovechar las oportunidades, lo que supone una excelente excusa para el consumidor compulsivo.

http://www.dmedicina.com/enfermedades/psiquiatricas/2003/01/16/consumo-compulsivo-nueva-adiccion-15160.html

En este enlace que he puesto podéis leer más cosas relacionadas con la adicción psicológica a las compras si os interesara.

Como antes aconsejaba, para mí lo ideal es ser tan disciplinado que tener una tarjeta de crédito en la cartera, sea como llevar una foto familiar, que solamente la miras cuando la necesitas mirar (por lo general no se suelen mirar, sobre todo si no las llevas –pues igual con las tarjetas de crédito, déjatela en casa), y tener una tarjeta de débito, mas visiblemente dentro de la cartera, lista para ser usada en caso de necesidad.

Tienes que pensar y sobre todo anotar en algún sitio (presupuesto familiar) todos aquellos pagos que pudieras incurrir con tu tarjeta de crédito dado que tendemos a olvidar rápidamente los pagos que hemos hecho y solamente los volveremos a recordad el día 3 o 5 del mes siguiente, cuando el banco te cargue en la cuenta el total de tus pagos a crédito del mes anterior. La mayor parte de la gente es en ese momento cuando realmente se dan cuenta del gasto que hicieron y que en muchas ocasiones tienen un arrepentimiento instantáneo de alguna de las compras efectuadas. Ser disciplinado usando una tarjeta de crédito es algo que no está muy al alcance de la mayoría de la población.

A pesar de abogar por la tarjeta de débito, hay que admitir que a veces se compran cosas innecesarias solamente por el hecho de lleva en la cartera una tarjeta bancaria.

Cuando no existían las tarjetas, las personas solo teníamos dos formas de comprar, con dinero efectivo y con el “apúntamelo”, pero claro esto último solo lo podías hacer en muy pocos sitios, dado que la característica más importante del “apúntamelo” era ser muy conocido en dicho lugar, y además tener la experiencia de haber dejado algo a pagar en el pasado y luego verdaderamente haberlo pagado. Así que normalmente todo aquello que comprabas, era previamente decidido y por supuesto previsto a la hora de haber sacado el dinero de tu entidad de ahorro, y poco quedaba al azar y al capricho humano como en este momento de la historia, en que llevar una tarjeta es como tener a tu disposición y a cualquier hora del día el total de tus ahorros. Muchas de las compras que hacemos están totalmente faltas de meditación y análisis por nuestra parte, debiéndose por lo general a la facilidad que tenemos de disponer del famoso “dinero de plástico”.

No todo va a ser criticable, es cierto que también alguna vez te ha sacado de un buen apuro el tener una tarjeta bancaria en tu poder, ¿pero de verdad han sido tantas?, o más bien ¿son recuerdos infundidos e insuflados por la propaganda televisiva que anuncia lo maravilloso que es poder usar una tarjeta y salir de apuros, comprar regalos de cumpleaños que se te habían olvidado, o billetes de tren en un país extranjero donde si no lo haces están a punto de acabar con tu vida?.

Lo normal era, que si veías algo que verdaderamente te interesaba, anotaras el lugar donde lo habías visto y al día siguiente provisto del dinero suficiente para hacer frente a la compra, entrases allí para quedártelo. Y si al día siguiente, después de haber pasado una noche meditándolo y hablándolo con tu familia, volvías allí, es que francamente era algo que necesitabas. Ahora mucha gente acaba trayendo a su casa, cosas que aun pudiendo creer son necesarias para su vida, solamente las trae por la posibilidad que ha tenido de sacar la tarjeta y pasarla por una maquinita, para luego comprobar, que a veces son simples adornos, o una ropa más que seguro no necesitabas.

Las tarjetas son el truco más grande desarrollado por los sistemas económicos para crearnos la necesidad de no dejar de consumir en ningún momento. Puede que el comercio esté cerrado pero que la disponibilidad de acceso a tu dinero esté siempre alcanzable las 24 horas del día todos los días del año.